Con todo

 

Llegué al puesto de tacos, luego de trabajar hasta tarde... apenas pedí dos de tripa dorada, ya me los saboreaba, pensando, solo pensando, mientras veía la avenida con poca afluencia de tráfico, ya hace varios días que la gente sale poco cuando empieza a oscurecer.

Así esperaba cuando llegó una señora, mostrando prisa y confianza con la vendedora de tacos; no podía evitar escuchar a las interlocutoras en una especial interacción en que platicaban casi a gritos, para vencer el obstáculo del humo y los sonidos caracteristicos de la pala al voltear las tortillas sobre la plancha, el chirriar de las fritangas al ingresar al aceite caliente y los propios del ayudante que a algunos comensales preguntaba si eran con todo, para llevar o si también incluirían en sus pedidos el agua de horchata.

La recién llegada, luego de saludar cortésmente en sutil disculpa por la interrupción de mi pedido, se dirigió a la apurada taquera preguntándole sobre la ubicación del negocio de uñas que le había comentado, aquella le dijo sin mayor empacho: "Está del mercado allá dos cuadras para arriba, por donde mataron a un muchacho el otro día, por la acera de enfrente una cuadra a la derecha..."

La primera requirió de mayor precisión... "¿El muchacho de hace dos días, el de la camisa...?" -"Ese" -interrumpió la informante, agregando: "El joven, como de bachillerato, el que se quedó acurrucado acostadito con la cabeza inerte sobre su mano izquierda, como si estuviera dormido, casi sonriendo, el que quedó con el brazo derecho extendido como si antes de morir estuviera platicando con alguien, así, despidiéndose. Es el que de más chiquillo hacía los mandados para ayudar a su casa, el hijo de doña María, la que vendía gelatinas, a veces el muchacho le ayudaba co
n su hermanito, en los ratos que no iba a la escuela, Le iba bien porque era muy mandable y entendido, era listo. Ah pues ese que le tocó una bala y se quedó tirado, el que dicen que ya no pudo levantarse, ni decir nada, que se fue apagando como una velita a la que se le acaba la parafina... pues de ahí de donde lo mataron, por la espalda, con un balazo que nadie supo quien lo hizo, de ahí, le decía, una cuadra a la derecha por la acera de enfrente, ahí está la de las uñas..."

Yo me quedé quieto, sentía los ojos irritados y no sabía si era el humo de la plancha metálica o cualquier otra cosa, notando mi ominoso silencio la dependienta me inquirió: "¿los va a querer con todo Licenciado?" -Si, apenas pude balbucear. Quise preguntar, comentar, pero no tenía razones ni mucho que decir sobre lo que había escuchado, me antecedió la señora recién llegada, preguntando de lleno a la taquera: "¿Qué andaría haciendo...?" 

Hasta ese momento creí saber que decir y así les aclaré que, nadie podría atribuir un acto delictivo a una persona que no hubiera sido previamente sometida a un proceso judicial en que se determinara por sentencia firme su responsabilidad en la comisión de un hecho ilícito... me sentí tan bien en expresarlo que hasta creí merecerme los tacos requeridos, pero la respuesta de la señora recién llegada me dejó frío: "Pero eso de la presunción de inocencia nomás cuenta para los vivos, ¿no?"

Con mucha cebolla, le dije a la taquera, con mucha cebolla.





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