Noche de lectura...

Ha llegado la noche… 

...las letras empiezan a danzar ante mis ojos, casi entre sueños evoco a Penélope hilando de día y deshilando de noche, en la dulce y ansiosa espera del buen Ulises, que aun tiene por librar algunas batallas en su vuelta a Ítaca.

Carraspeo, apenas volteo un poco al frente y veo moverse las cortinas que están al fondo, en la otra habitación, me parece ver una tenue sombra pasar de un lado a otro de mi vista, justo sobre la cortina, me quedo impávido, incrédulo, me toco la cara y tengo los dedos fríos…

Me he levantado ya por un poco de agua, casi doy un traspié, cucho tiene los pelos erizados y la cola levantada, ¿qué mira el gato entre la oscuridad? 

No quiero ya ver más y solo llego hasta mi vaso con agua al que me aferro hundiendo la mirada en el fondo, hace frío pero siento una gota de sudor correr por mi cuello, un rechinido característico me hace voltear despacio, casi involuntariamente: es la mecedora; se balancea suavemente bajo la luz de la lámpara… el gato se escabulle, el muy cobarde me ha dejado solo.

La mecedora, la mecedora… de pronto recuerdo: ¡yo no tengo mecedora!, tomo aire, una enorme bocanada, entonces despierto y sonrío… vaya sueño.

Es aun de madrugada, enciendo la luz, abro la puerta, cucho está al pie, me mira fijamente, maulla y se va. Me toco la cara, tengo las puntas de los dedos helados...

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