Otra Navidad...

 Las civilizaciones antiguas tenían algo en común... el sacrificio como medio para construir un puente entre los mortales y los inmortales.

En la tradición Cristiana surgió una historia diferente. Alguien vendría desde el magnífico lugar donde el sino tiene su creación, para salvar al mundo.

La propia narrativa nos lleva de la mano a un punto en el espacio y tiempo en que llega el advenimiento como una dulce y gentil criatura, hijo de una madre elegida por su virtud, cuyo padre putativo recibió con generosa disposición.

La ambigüedad es intrínseca a la comunicación humana. Pues no se entendía como sería la salvación prometida ni cómo sería el personaje que llevaría adelante ese proceso... ¿sería el prócer de una revolución armada? ¿el ideólogo que vencería con una vara al opresor? ¿el semidiós que con bolas de fuego impusiera el orden, paz y justicia, condenando a los impíos y violentos?

En lo que estaban de acuerdo, según las crónicas biblícas, es que la situación financiera, social, política y consecuentemente el descontento popular, requerían la salvación... como sea que ésta llegara.

Tal vez como los antiguos, no tengamos mucha idea de cómo ni de qué manera llegará la salvación, ahora que nos sentimos enmedio de todas las calamidades y entristecidos por las pérdidas; pero es claro que contamos con más información e instrucción histórica. Sabemos que no se trata de que alguien venga, sino de sumarnos en función de lo que el Mesías representa: la suma de todos bajo principios de respeto, unión y amor.

La dulce representación de un bebé nacido en un pesebre es ajena a la idea del Dios furioso que condenó al mundo y dejó a Noé como ejemplo o al que sepultó a los egipcios en el Mar Rojo. Es un Dios amoroso, magnánimo, confiado en que su unigénito será abrigado enre los imperfectos seres humanos.

Un Dios de Amor es una invitación a que nos sumemos en su nombre, una vez más.

La lección es extraordinaria, ojalá la tomáramos más en serio. Hoy que festejamos al Hijo del Hombre, nos resta desear que en su nombre renazca la esperanza.

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