En su momento, en su lugar…
Incluso la verdad tiene su momento para brillar.
Si hay correspondencia entre lo que se dice y lo que es, esa manifestación se tiene por cierta. Pero carece de valor si, por ejemplo, se expone en un lugar o momento equivocado.
El testigo de un hecho afirma al cantinero que vio cuando un sujeto disparó contra otro, y siendo entrevistado por un agente investigador niega haber visto el suceso, por temor a involucrarse; aquella expresión verdadera ha perdido todo su valor. Incluso si charlamos con el cantinero, tal vez testifique sobre lo que escuchó pero agregará que el parroquiano estaba bebiendo y que, claro, no apreció todos los datos de la información o no estaba seguro si hablaba de una historia real o ficticia, dado el contexto.
Imaginemos que el sujeto señalado como autor del homicidio es absuelto y conocido este hecho por el testigo timorato, decide acudir ante la autoridad y ahora si, decir lo que sabe. El caso es que nadie puede ser juzgado dos veces por el mismo hecho, bien sea que se le absuelva o se le condene. Ningún valor tendrá su retractación.
De ahí que las investigaciones deban llevarse con tiempo, con técnica y método. Darle tiempo al tiempo, para que la verdad llegue en el momento oportuno y adquiera ese valor que queremos que tenga.
Algo es cierto. La oportunidad con la que la verdad debe decirse y el contexto apropiado aplica en las relaciones humanas cotidianas.
Conducirse honestamente, en su momento y lugar, tiene un valor extraordinario. Fuera de éste, podría ser inútil.
Muy de acuerdo con tu reflexión
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