De candidatos, funcionarios y recursos públicos




 Buen día colegas...

Como siempre los leo con gusto y estoy atento a los debates que de cuando en cuando se dan en este foro. El tema abordado últimamente partió del uso (o probable abuso) de los recursos públicos en las campañas electorales. Para animar a una reflexión secundaria se dijo que los candidatos a ocupar un puesto, deberían haber pedido licencia definitiva o de plano renunciar al que ocupaban, de modo que así garantizarían que no serían los fondos públicos los que se usarían en las campañas individuales. Finalmente concluyeron en que el sistema legal (para no referirme a un solo cuerpo normativo) permite que puedan obtener una licencia temporal y regresar al cargo en el caso que su nueva pretensión electoral no resultare exitosa.

Como todos, soy un observador cotidiano de la realidad socio-política, con independencia que formemos parte de ésta, por acción o por omisión.

Lo cierto es que resulta difícil hacer una carrera política en nuestro país y más aun en nuestra comunidad, sin poner en riesgo la integridad familiar, la situación económica y la seguridad personal.

A diferencia del litigio, en que podemos pecar de discretos para ejercer la representación de personas físicas y morales ante las autoridades, o la propia función pública -en que se ejercen las facultades por sí y/o a través de otros operadores, el político tiene que mostrarse a diario, exponer su imagen, arriesgarse a opinar públicamente de temas que apenas conoce o sabe por conducto de sus asesores -en caso de que ya tenga alguno-, lidiar con batallas intestinas en su partido para que le permitan "asomarse", figurar y tratar de brillar con luz propia para contender con otros con mayores o menores méritos a fin de representar un sector, un distrito, comunidad, municipio o Estado.

Para eso requieren recursos y tienen poco tiempo para hacerlo. El posicionamiento en redes sociales, las visitas a los domicilios, la logística de una reunión por mínima que sea y no se diga las buscan ser multitudinarias (se logre o no),deben tener altos costos... el punto es que el sistema legal no me parece que garantice un adecuado flujo de recursos vía donativos, porque se busca blindar a los partidos y candidatos de la influencia de la delincuencia organizada.... y por otra parte al pueblo en general, no lo veo incentivado para dar lo que no tiene, lo poco que tiene o lo que quisiera tener para la sobrevivencia cotidiana.

De ahí que el sistema electoral prevea el flujo de recursos desde el propio Estado, los dineros públicos que lleguen para que todos los políticos tengan algún recurso a fin que tengan campañas más o menos decorosas. Lo que puede resultar un contrasentido en un país, en un Estado, en municipios, en que se viven necesidades extraordinarias de insumos básicos en los temas de alimentos, salud y seguridad, entre otros.

Desde mi particular percepción, el sistema electoral se encuentra agotado en términos de flujo de recursos. El uso de dinero público por canales legales es insuficiente para partidos nuevos, pequeños o para candidatos independientes, pero además, acorrala a los aspirantes a buscar en otra parte o a dedicarse a otra cosa. Es desalentador, me parece. Los más astutos se sienten compelidos a buscar el recurso donde haya, y lamentablemente donde hay, no está disponible sino asumiendo determinados compromisos que nada tienen que ver con la democracia a la que aspiramos o creemos tener.

Finalmente, lo que lastima es apreciar la política como fuente de ingresos, como una carrera per se. En una postura más o menos ambigua, queremos a políticos dedicados a representar un periodo completo a su pueblo, ganando solamente su dieta correspondiente en ese lapso y que al terminar, solo se despidan y se dediquen a otra cosa, que busquen empleo o sigan en lo que estaban. La ambigüedad resulta precisamente de la imposibilidad material de ser por una parte un político de carrera y pedir que ésta se frene en cuanto ocupen el primer cargo público, luego tendrían que esperar un tiempo haciendo otra cosa y volverse a enrolar en una futura elección... algo así. 

Si queremos en realidad cambiar la estructura o los caminos para solventarla, entonces debemos cambiar el rumbo y el discurso. Habrá otras formas, pero solo me referiré a dos caminos: cerrar la llave de recursos públicos y alimentar los partidos, campañas y candidatos con donativos transparentes, en que los candidatos surjan de la comunidad, del pueblo y no de políticos de carrera (porque no podrían vivir de eso) o de plano establecer una especie de carrera política en la en la que haya recursos estables dirigidos a mantener a los que elijan ser políticos en su edad productiva. 

Lo sé, ante eso, sigue pareciendo mejor todo como está, y no porque realmente lo sea, sino porque es lo que hay. Lo que sigue entonces es simplemente vigilar y castigar (parafraseando a M. Foucault), a través de los órganos fiscalizadores, que no se usen los recursos públicos en las campañas políticas y lo demás... bueno, Dios y el pueblo dirán.

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