Horóscopo

 …es una palabra griega que puede traducirse como “el que observa la hora”.

En una postura antropocéntrica, el concepto anima la creencia que, la hora del nacimiento de una persona tiene una estrecha relación con la situación de las estrellas en el Universo, clasificadas las más visibles de éstas en doce casas, con lo que se marca la vida material y espiritual de cada ser humano, de modo que, si era posible conocer la ubicación específica del entorno celestial bajo la cual nació cada uno, es posible guiarlo en la toma de decisiones cotidianas.

 

Hasta la década de los 80’s era más o menos común considerar en la cultura latinoamericana, que la adquisición de revistas y periódicos, se viera animada entre otros, por la intención de conocer qué deparaban las estrellas a los asiduos lectores.

 

La llegada del internet a las masas populares, en la segunda mitad de los 90´s, hizo decrecer notablemente el interés por esta especie de ingenuo entretenimiento al abrirse ventanas extraordinarias a lugares recónditos, a formas de vida diferentes, incluso, a la confirmación de que el número de estrellas es tan grande, como inconmensurable, de modo que si no hay ojos que las alcancen a apreciar en su número, ni forma, ni dimensiones, resulta más bien imposible encontrar una conexión entre esos billones de luces en el cosmos con el derrotero de cada uno en la limitada vida ordinaria.

 

Mientras esa especie de guía de vida ha ido en franca decadencia, hasta tornarse de algo más o menos serio en principio, hasta actualmente una especie de parodia y más bien forma de divertimento, que no se toma en serio; una especie de ciencia ha crecido a los ojos de todos, pues se ve impregnada de fundamentos éticos, filosóficos y la convicción profunda que a través suyo es posible conducir a las personas a una mejor forma de vida, orientando su toma de decisiones, alentando técnicas específicas para mejorar la percepción de la individualidad y del contexto familiar, social, comunal, esta práctica que ha evolucionado en diversos ámbitos con diferentes perspectivas es la PSICOLOGÍA.

 

No es nueva. Pero evidentemente ha influido de manera definitiva en la toma de decisiones de muchas más personas desde la segunda mitad del siglo XX y cada vez más en el siglo XXI.

 

Hace un par de décadas acudir con un psicólogo equivalía a aceptar que se padecía de un trastorno mental, con la consecuente marginación en el ámbito social y hasta familiar. Actualmente es tan común acudir con el psicólogo como el acudir con un médico de cualquier otra especialidad. Antes es cierto, se iba al médico cuando había sangre, dolor atroz o cuando de plano ya no se podía caminar, dormir o trabajar; actualmente ir al médico a una revisión de rutina se considera una de las mejores maneras de prevenir males mayores; del mismo modo se acude al psicólogo ante situaciones de estrés, cansancio mental o hasta cuando se sufre en la toma de decisiones que se tienen como trascendentes para el sujeto en cuestión.


Hace días en una especie de ejercicio comunal o experimento social, una amiga ultramarina animaba en una plataforma virtual o red social, a publicar un estado de obnubilación moral, mental o espiritual, en una especie de intento de visibilizar la necesidad humana de contar con redes familiares o sociales de apoyo ante contingencias de esta naturaleza; la preocupación que generan estas publicaciones hace evidente que la generalidad de personas concebimos la idea que una palabra de aliento, un abrazo (aunque sea a la distancia), son un factor que permiten soportar estoicamente el sufrimiento personal, incluso que pueden servir para que éste sea superado.

 

Más allá de las palabras y abrazos, me parece que es la percepción de contar con otros lo que al final nos fortalece. Desde mi percepción, las redes familiares, de amigos y en algunos casos, de determinados gremios, tiene una mayor importancia para la toma de decisiones personales, que los horóscopos, hace un par de décadas, o los consejos de un psicólogo actualmente.

 

Debo ser muy cuidadoso aquí al referirme al papel de los expertos en Psicología. El apoyo de estos a través de consultas periódicas o el auxilio de psicoterapeutas, son útiles para reencontrarse y comprender el papel de cada uno en su contexto, pero en nada cambia la importancia que tienen los familiares, amigos y comunidad, para orientar las determinaciones consuetudinarias.

 

Dicho de otro modo, acudir con un psicólogo no repara las heridas del alma, solo ayuda a reconocer que existen y que hay algo más allá de ese sufrimiento, razones para superarlo y hasta un camino que seguir en consecuencia. Pero la sanación, además de encontrarse fundamentalmente en la voluntad del paciente, se encuentra en su entorno humano.

 

La marca del café que se bebe, el restaurante al que se acude, el trayecto al trabajo o el trabajo mismo, el ejercicio de una tarea, oficio, profesión, o el ámbito en que se desarrolla cualquiera de estos, puede partir de la intima convicción que cada uno tiene de su vida, pero el éxito de estas actividades o de no llevarlas a cabo, ocurrirá con relación al contexto familiar, social o comunal.

 

Hoy no hay horóscopo. El que observa la hora actualmente, no es el saurín; es cada uno conociéndose en apartada introyección, en delicada meditación, en pacífica oración, creando comunidad para crecer como persona y ser cada vez un mejor ser humano.

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